La magia de los sueños
¿Sabéis? Después de tantos años, aún seguía soñando con ella. Creo que lo hice hasta el final. Hasta ayer mismo. En el sueño recorríamos una larga carretera que parecía no acabar nunca. Y jamás vimos una señal que nos guiara. Incluso demacrada estaba hermosa, como Kate Moss. Ella solía aparecer con su rostro superpuesto sobre el cuerpo de Kate, igual que en esa foto en blanco y negro en la que sale cocinando desnuda. No sé de dónde me saqué esa carretera, pero era la misma todas las noches. De fondo siempre sonaba Cobain berreando las últimas estrofas de Where did you sleep last night. Y cada segundo parecía una hora a su lado. A pesar de toda la mierda, las infecciones, las postillas, los vómitos y los abscesos, siempre me despertaba con una sonrisa. Mientras que soñaba hablábamos de lo rápido que se escaparon los días buenos. Demasiado rápido, joder. Anduvimos lo que pudimos por esa carretera. A veces ella me escribía guarradas con letras blancas y grandes sobre el asfalto, como hace la gente cuando pasan los ciclistas. Yo, al día siguiente, trataba de recordarlas para escribirlas en mis canciones, pero era imposible. Esa es la magia de los putos sueños. Hace un rato me dijo que nosotros nos lo buscamos. Un segundo antes de morir. Tenía razón. La sigue teniendo, la muy cabrona. Nosotros elegimos no vivir como los demás. Su rutina era peor que nuestro caballo. Ahora no podemos lamentarnos por ello. No existe droga suficiente que me la devuelva. O que me haga olvidarla. No soportaría soñar una vez más con ella y que, al despertar, no estuviera a mi lado. La carretera ha desaparecido. Esta noche no va a existir. No voy a permitirme llegar vivo.